Los médicos forenses del Instituto de Medicina Legal de València declararon este jueves que Alfonso López Benito, el canónigo emérito de la Catedral de València, murió por un «mecanismo combinado de estrangulación y sofocación». La cuarta sesión del juicio contra Miguel Tomás V. N., acusado del asesinato, se centró en los testimonios de los expertos forenses, peritos informáticos y analistas de ADN que presentaron las pruebas clave del caso.
Los forenses explicaron ante el jurado que el ataque fue frontal y que la muerte se produjo por la presión ejercida sobre el cuello y la obstrucción de las vías respiratorias. La asfixia duró «unos pocos minutos», según declararon los expertos. Precisaron que «no fue una muerte rápida» y calificaron la intensidad del ataque como «importante».
El cuerpo del canónigo fue hallado desnudo, salvo por un slip verde, boca arriba, con sangre en la boca y los ojos entreabiertos. Los forenses señalaron que presentaba lesiones alrededor de la nariz y la boca, así como arañazos en la zona bucal. No se encontraron marcas de defensa, lo que sugiere que la víctima no pudo resistirse al ataque.
Las pruebas digitales
Los peritos informáticos analizaron el teléfono móvil y el router de la víctima. Revelaron que López Benito «nunca había utilizado la aplicación financiera de Cajamar o de El Corte Inglés» en los 15 días previos a su muerte. El teléfono estuvo conectado al WiFi de su domicilio hasta las 3:21 de la madrugada, momento en el que comenzó a captar señal de diferentes establecimientos. «A partir de esa hora va captando wifi de distintos establecimientos», declararon los expertos.
Los análisis demostraron que la víctima y el acusado mantenían contacto telefónico y por WhatsApp. El canónigo había bloqueado a Miguel Tomás V. N. en varias ocasiones y lo tenía registrado como 'Miguel peruano'. Un experto en telefonía móvil, contratado por la defensa, explicó que «lo normal cuando un teléfono cambia de antena es que el terminal se mueve».
Los peritos de la policía confirmaron que en los dos días que el acusado tuvo el teléfono de la víctima no borró ningún mensaje de WhatsApp. Un perito especializado explicó que duplicar WhatsApp sin el teléfono físico es posible «teniendo la cuenta de correo con la que se instaló, la contraseña de acceso, el PIN y la SIM original o un duplicado de la misma».
El hallazgo del cuerpo
Un amigo del canónigo declaró que había quedado con López Benito el 23 de enero a las 11:00 de la mañana, «que era San Ildefonso y él celebraba su santo». Cuando llegó al domicilio de la calle Avellanas, el portero le mostró un mensaje enviado desde el teléfono de la víctima a las 10:40, que decía que se había ido al apartamento del Perelló.
El testigo relató: «Eso me dejó desconcertado. Era un mensaje de las once menos veinte, y a mí no me había contestado ni a la llamada de las nueve ni a la de las nueve y media». Añadió: «No me había enviado un mensaje en su vida». El amigo y el portero entraron al piso, donde descubrieron el cadáver. «Vimos que estaba muerto y no pasaron ni 30 segundos cuando le entró un nuevo mensaje del teléfono de Alfonso», declaró el testigo.
ADN y posiciones judiciales
Los peritos de ADN informaron que en la escena del crimen en la calle Avellanas «sigue habiendo siete huellas anónimas», además de ocho del asistente rumano de la víctima. En el apartamento del Perelló se halló una huella dactilar del acusado, donde había pasado dos días en agosto de 2024, cinco meses antes del crimen.
El fiscal Antonio Gastaldi considera a Miguel Tomás V. N. un «cooperador necesario o cómplice», no el ejecutor material, y solicita 28 años de prisión por coautoría. El abogado defensor Jorge Carbó argumenta que el acusado solo es culpable de fraude por usar las tarjetas de la víctima y admite una condena de 3 años por este delito.
El acusado declarará este viernes en la última sesión antes de que el jurado reciba el objeto del veredicto. El juicio continuará hasta el 3 de febrero en la Ciudad de la Justicia de València.
Nota: Este artículo fue creado con Inteligencia Artificial (IA).











